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El gudari Barandica tenía la boina calada hasta las orejas porque le había tocado la última guardia y aunque empezaba el verano, por las noches caía una marea de niebla fresca en la vega del Galindo. Barandica era un desastre para la ropa, llevaba sin lustrar las botas de cuero inglés, la camisa a medio remangar y el tres cuartos echado sobre los hombros con muy poca gracia. Barandica miraba, asombrado, a los tres hombres que se habían bajado de un coche en la entrada principal de los Altos Hornos. El que más le llamaba la atención era un cabo gastador de las Flechas Negras al que el uniforme sentaba como un guante. El gudari no había visto en toda la guerra a un soldado más elegante. El italiano saludó en tono amistoso.
-Estamos buscando al sargento Gárate.
-El sargento ha salido hace dos horas. Esta noche ha sonado un bombazo tremendo en las huertas de ahí delante y el sargento ha ido a ver qué pasa. Yo creo que no tardará mucho en volver, tiene que hacer el cambio de guardia y le estamos esperando para almorzar, así que si no le trae una cosa le traerá la otra.
Al cabo gastador le acompañan dos oficiales y un conductor que no ha salido del coche. El que lleva uniforme de teniente del ejército italiano es, en realidad, un alférez provisional que se apellida Legorburu y podría hacer un informe, detallado, sobre todos los árboles frutales que se encuentran entre Bilbao y Gallarta. El otro oficial es el capitán Aquaviva, un veterano de Abisinia que se ha tomado el encargo de ir a hablar con el enemigo como si le hubieran mandado de vacaciones.
-Soldado, dice el capitán ¿Tú crees que podemos ir a Bilbado a comer cordero con insalata, bacalado e il vino?
-Eso depende de si usted pone la comida. Si no lleva en el coche todo eso que dice lo veo difícil. Contesta, socarrón, Barandica.
Legorburu mira hacia el interior de la enorme factoría, la actividad es nula. Alguien ha cortado los cables de la grúa puente y seguramente habrá sufrido más acciones de sabotaje. Poco a poco vienen a curiosear a la entrada soldados con sueño y algunos obreros de aspecto cansado con sus buzos de color indefinido, increíblemente sucios. Legorburu se da cuenta de que donde han improvisado una garita con sacos terreros y chapas de acero es un punto desde el que no hay visibilidad hacia los lados de la fábrica.
-¿Quién ha mandado hacer ahí ese parapeto?
-Pues no tengo ni idea, mi teniente, cuando vinimos ayer ya estaba puesto.
-¿Y quién está aquí al mando, ahora?
Barandica se encogió de hombros, si no estaba el sargento era probable que hubiese algún cabo por alguna parte, incluso era posible que hubiera algún oficial súbitamente degradado al tener la sospecha de que había perdido la guerra. Allí se encontraban voluntarios de varios batallones a los que habían ordenado defender los Altos Hornos y eso estaban haciendo.
-Mi teniente, si no está el sargento supongo que soy yo el que está al mando.
Barandica intuía que aquel tipo era un peligro imprevisible, un hombre duro acostumbrado a entrar sin pestañear en la boca del lobo para romperle los dientes. No tenía la más mínima intención de llevarle la contraria, por eso se sintió aliviado cuando recibió la orden:
- Soldado, ordene que desmonten todo eso y lo coloquen aquí.
Legorburu hizo gestos como si apuntara con un arma imaginaria dando a entender que desde aquel punto se podía cubrir una zona mucho más amplia. Barandica se dirigió al grupo de soldados y trabajadores que miraban desde la puerta.
- Ya habéis oído al teniente, coger todos esos sacos y ponerlos a diez metros de la entrada.
Los soldados y los operarios hicieron una cadena humana y fueron pasando los materiales de la barricada hasta su nuevo emplazamiento. Legorburu habla con el capitán italiano y señala con el dedo.
-Aquellas higueras tendrán higos como puños dentro de tres meses. Aquí había docenas de higueras que han sido destruidas al ampliar la fábrica, también han arrancado muchos manzanos. A dos kilómetros de aquí podemos ir a encargar la cena a unos conocidos que se alegrarán de verme. Espero que a lo largo del día nos agenciemos el vino, donde vamos a ir esta tarde hay gente que suele tener en casa buenas botellas.
Los cuatro hombres están encargados de preparar la entrevista del agregado militar italiano con los que van a negociar la rendición del ejército vasco. El encuentro será en un chalé de Algorta, todo está escrito en un papel que hay que entregar al sargento Gárate para que los acompañe a reconocer el terreno. El sol ha evaporado el rocío y ha hecho desaparecer la sombras, jilgueros desperdigados vuelan a saltos en busca de comida para las crías. La mañana es hermosa y sigue la guerra que no termina nunca.
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jueves 29 de octubre de 2009
UN OFICIAL DA ÓRDENES A SOLDADOS DEL EJÉRCITO ENEMIGO Y ESTOS LAS CUMPLEN, MUY CONTENTOS, EN UNA GUERRA EXTRAÑA.
martes 6 de octubre de 2009
F. J AMIEBA CUENTA A JAVIER ERCILLA CÓMO HA CONOCIDO A MR. DUKE.
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No esperaba encontrar a un viejecito con gafas de montura dorada. Aguirre y tú me habíais hablado de él, así por encima, al fin y al cabo es el hombre que da el visto bueno a las facturas y es normal que tuviese curiosidad por conocerle. Lo que no esperaba es que él quisiera conocerme a mi. Estuvimos paseando tres horas por los muelles con nuestros petos reflectantes y nuestras gafas de sol. Después de lo que me había dicho Aguirre sobre Mr. Duke yo pensaba que era un jubilado en plena forma física, rodeado de guardaespaldas, y me encuentro a un hombrecillo con bastón y gafas de cura. ¿Y este es el piloto más joven que hubo en Vietnam?, fue lo primero que pensé.
Aguirre y él se lo hablaban todo y yo entendía una palabra de cada diez. Mr. Duke sabe bastante de hormigón y de refinerías, también nos dijo a qué temperatura se transporta el gas licuado y cuales son los principales países exportadores de cebada. Es imposible aburrirte con él, puede hablar de una asombrosa variedad de temas y donde tú no ves más que una interminable escombrera, él puede ver una pista de aterrizaje con hangares camuflados entre las rocas. Tuvimos un paseo agradable y llegó la hora de comer, Aguirre comentó que alguien había reservado una mesa en Ciérvana y nos fuimos allí con mi coche, solos los tres.
Durante la comida, Mr. Duke siguió tan locuaz como había estado toda la mañana. Nos contó que en su familia, cuando era niño, hablaban con frecuencia del tío Harry, al que atribuían un montón de anécdotas y en el que basaban toda clase de chistes y bromas familiares. El tío Harry había sido oficial de los confederados a las órdenes de Jackson y del mismísimo general Lee, una celebridad en Virginia que sobrevivió a la guerra y llegó a una vejez tranquila donde narraba historias que pasaron de generación en generación. Mr. Duke recordaba a su padre cuando decía:
-Y el tío Harry cabalgaba al frente de los voluntarios de Maryland, podéis verlo airoso en su caballo. El tío Harry trota por los valles, cruza los ríos, acampa en las alamedas y recorre la campiña en busca del enemigo. Porque el tío Harry es un hombre valiente ¿Y sabéis queridos niños, porqué el tío Harry perdió la guerra? Pues el tío Harry perdió la guerra porque iba por el campo muy plantado en su caballo y no tenía ni puñetera idea de lo que había detrás de la siguiente colina.
Entonces Mr.Duke se dirigió exclusivamente a mi, aunque Aguirre me hacía la traducción simultanea, por si me perdía algún detalle.
-Sr. Amieba, usted es nuestro explorador. No podemos permitirnos ignorar lo que hay a la vuelta de la esquina. Lo que está pasando en Francia es muy grave y contamos con usted para que nos lo explique. Usted es nuestros ojos en lo alto de la colina, el hombre que tiene que entender el presente para adivinar el futuro. Su trabajo es vital.
Creo que le dije que espero no defraudarle, o algo así. Mr. Duke es un hombre que aprovecha bien el tiempo, de eso no cabe la menor duda, en una mañana conoce a su jefe de exploradores y da una vuelta por uno de los terrenos con mayor valor estratégico de toda Europa. Solo Dios sabe qué estará tramando con Aguirre. El resto de la comida lo pasamos hablando de lo que considero asuntos vanales, como la diferencia entre el chacolí y el vino del Rhin. Yo seguía pensando en el tío Harry.
No esperaba encontrar a un viejecito con gafas de montura dorada. Aguirre y tú me habíais hablado de él, así por encima, al fin y al cabo es el hombre que da el visto bueno a las facturas y es normal que tuviese curiosidad por conocerle. Lo que no esperaba es que él quisiera conocerme a mi. Estuvimos paseando tres horas por los muelles con nuestros petos reflectantes y nuestras gafas de sol. Después de lo que me había dicho Aguirre sobre Mr. Duke yo pensaba que era un jubilado en plena forma física, rodeado de guardaespaldas, y me encuentro a un hombrecillo con bastón y gafas de cura. ¿Y este es el piloto más joven que hubo en Vietnam?, fue lo primero que pensé.
Aguirre y él se lo hablaban todo y yo entendía una palabra de cada diez. Mr. Duke sabe bastante de hormigón y de refinerías, también nos dijo a qué temperatura se transporta el gas licuado y cuales son los principales países exportadores de cebada. Es imposible aburrirte con él, puede hablar de una asombrosa variedad de temas y donde tú no ves más que una interminable escombrera, él puede ver una pista de aterrizaje con hangares camuflados entre las rocas. Tuvimos un paseo agradable y llegó la hora de comer, Aguirre comentó que alguien había reservado una mesa en Ciérvana y nos fuimos allí con mi coche, solos los tres.
Durante la comida, Mr. Duke siguió tan locuaz como había estado toda la mañana. Nos contó que en su familia, cuando era niño, hablaban con frecuencia del tío Harry, al que atribuían un montón de anécdotas y en el que basaban toda clase de chistes y bromas familiares. El tío Harry había sido oficial de los confederados a las órdenes de Jackson y del mismísimo general Lee, una celebridad en Virginia que sobrevivió a la guerra y llegó a una vejez tranquila donde narraba historias que pasaron de generación en generación. Mr. Duke recordaba a su padre cuando decía:
-Y el tío Harry cabalgaba al frente de los voluntarios de Maryland, podéis verlo airoso en su caballo. El tío Harry trota por los valles, cruza los ríos, acampa en las alamedas y recorre la campiña en busca del enemigo. Porque el tío Harry es un hombre valiente ¿Y sabéis queridos niños, porqué el tío Harry perdió la guerra? Pues el tío Harry perdió la guerra porque iba por el campo muy plantado en su caballo y no tenía ni puñetera idea de lo que había detrás de la siguiente colina.
Entonces Mr.Duke se dirigió exclusivamente a mi, aunque Aguirre me hacía la traducción simultanea, por si me perdía algún detalle.
-Sr. Amieba, usted es nuestro explorador. No podemos permitirnos ignorar lo que hay a la vuelta de la esquina. Lo que está pasando en Francia es muy grave y contamos con usted para que nos lo explique. Usted es nuestros ojos en lo alto de la colina, el hombre que tiene que entender el presente para adivinar el futuro. Su trabajo es vital.
Creo que le dije que espero no defraudarle, o algo así. Mr. Duke es un hombre que aprovecha bien el tiempo, de eso no cabe la menor duda, en una mañana conoce a su jefe de exploradores y da una vuelta por uno de los terrenos con mayor valor estratégico de toda Europa. Solo Dios sabe qué estará tramando con Aguirre. El resto de la comida lo pasamos hablando de lo que considero asuntos vanales, como la diferencia entre el chacolí y el vino del Rhin. Yo seguía pensando en el tío Harry.
viernes 2 de octubre de 2009
DE LOS ORÍGENES DEL CONFLICTO. GUIONES DEL CUARTO ESCALÓN PARA SERIE DOCUMENTAL. CARPETA XXXVI. SOBRE EL NOMBRE DE CALAHORRA.
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En el lugar donde el Sidakos tributa las aguas al Gran Río, que es sitio grande de mucha llanura, con patos y con garças y con otras muchas aves. Y hay muchos barbos y nidos que son buenos de coger. Y vienen jabalines a pacer de sus aguas y a volcarse en el barro, que así lo tienen por costumbre, tanto en verano como en invierno. Donde son abundantes de ver toros salvajes y ciervos y cavallos sin amo y otras muchas bestias.
En el sitio hay familias de balseros desde todo el tiempo, que pasan los ríos a la gente de una parte a la otra y hacen pan muy bueno de comer con los mijos que allí crecen y son personas de trato y mucha conversación. Y allí nunca hay hambre porque nacen mijos muy diversos y hay dos clases de habas y bellotas y unos granos muy duros que se llaman agraçones y los comen si no hay otra cosa.
Allí se encuentran en el verano los que suben y bajan el río, tanto de una orilla como de la otra y hacen mucha fiesta y se ven las familias. Y cuando va a ser luna llena se juntan los jóvenes que han de casarse y van a unos campos que tienen y son siempre los mismos y van de una orilla y de otra y llevan mucho pan y mucha carne y mucho vino y cerveça que se lo ha de dar su rei y si no lo dan o le dan poco, dicen que es mal rei el que tienen. Y allí comen y beben y saltan hogueras y tocan timbales y sonajas y bocinas y bailan en cueros hombres y mugeres que se casan para fuera de su casa y los que se han de casar para su casa los miran y hablan mucho entre ellos.
Y esos días no pueden llevar pinchos, ni puñales, ni facas, ni varas, ni porras, ni clase alguna de yerros, ni maças, ni lanças, ni perros de presa. Y se prohíve la guerra y si alguno se mata con las manos dicen que ha sido sin querer y se le entierra o se le tira al río y no hay más odio ni más vengança que la habida desde siempre.
Pies de foto.
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Cuarenta años después de la Guerra del Sabo, en el mes de la segunda miel, cuando llegaron los primeros que subían el río a pasar el Sidakos, encontraron balseros que se quejaban de tener que pasar a los agostres las más de las veces sin cobrar, porque eran gente brava que estaba acostumbrada a mandar a otras gentes.
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En cuanto los vi supe que íbamos a tener problemas con ellos. Querían mandar en las dos orillas del río y no respetaban leyes que había desde tiempo inmemorial. Se pusieron a sembrar en un lugar que era un paso para el ganado y cuando mi padre y mi tío fuero a pedir explicaciones, casi los matan. Son salvajes que no saben vivir con otras naciones.
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Los válagos contaban que había agostres construyendo un poblado de muros altísimos, como no se había visto nunca.
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Toda la noche estuvo oyendo tambores y cuando amanecía, Greis vio a muchos hombres vestidos de hierro y a otros montados en caballos pintados, con plumas de buitre que colgaban de las crines.
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Hubo matanzas en otras partes del río, pero la más grande fue aquí. El agua se puso tan roja que desde entonces lo llaman la Cala Gorría. Cuando llegamos sólo había cadáveres y algún moribundo de mirada enloquecida. No se oía nada, tal vez los cuervos.
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En el lugar donde el Sidakos tributa las aguas al Gran Río, que es sitio grande de mucha llanura, con patos y con garças y con otras muchas aves. Y hay muchos barbos y nidos que son buenos de coger. Y vienen jabalines a pacer de sus aguas y a volcarse en el barro, que así lo tienen por costumbre, tanto en verano como en invierno. Donde son abundantes de ver toros salvajes y ciervos y cavallos sin amo y otras muchas bestias.
En el sitio hay familias de balseros desde todo el tiempo, que pasan los ríos a la gente de una parte a la otra y hacen pan muy bueno de comer con los mijos que allí crecen y son personas de trato y mucha conversación. Y allí nunca hay hambre porque nacen mijos muy diversos y hay dos clases de habas y bellotas y unos granos muy duros que se llaman agraçones y los comen si no hay otra cosa.
Allí se encuentran en el verano los que suben y bajan el río, tanto de una orilla como de la otra y hacen mucha fiesta y se ven las familias. Y cuando va a ser luna llena se juntan los jóvenes que han de casarse y van a unos campos que tienen y son siempre los mismos y van de una orilla y de otra y llevan mucho pan y mucha carne y mucho vino y cerveça que se lo ha de dar su rei y si no lo dan o le dan poco, dicen que es mal rei el que tienen. Y allí comen y beben y saltan hogueras y tocan timbales y sonajas y bocinas y bailan en cueros hombres y mugeres que se casan para fuera de su casa y los que se han de casar para su casa los miran y hablan mucho entre ellos.
Y esos días no pueden llevar pinchos, ni puñales, ni facas, ni varas, ni porras, ni clase alguna de yerros, ni maças, ni lanças, ni perros de presa. Y se prohíve la guerra y si alguno se mata con las manos dicen que ha sido sin querer y se le entierra o se le tira al río y no hay más odio ni más vengança que la habida desde siempre.
Pies de foto.
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Cuarenta años después de la Guerra del Sabo, en el mes de la segunda miel, cuando llegaron los primeros que subían el río a pasar el Sidakos, encontraron balseros que se quejaban de tener que pasar a los agostres las más de las veces sin cobrar, porque eran gente brava que estaba acostumbrada a mandar a otras gentes.
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En cuanto los vi supe que íbamos a tener problemas con ellos. Querían mandar en las dos orillas del río y no respetaban leyes que había desde tiempo inmemorial. Se pusieron a sembrar en un lugar que era un paso para el ganado y cuando mi padre y mi tío fuero a pedir explicaciones, casi los matan. Son salvajes que no saben vivir con otras naciones.
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Los válagos contaban que había agostres construyendo un poblado de muros altísimos, como no se había visto nunca.
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Toda la noche estuvo oyendo tambores y cuando amanecía, Greis vio a muchos hombres vestidos de hierro y a otros montados en caballos pintados, con plumas de buitre que colgaban de las crines.
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Hubo matanzas en otras partes del río, pero la más grande fue aquí. El agua se puso tan roja que desde entonces lo llaman la Cala Gorría. Cuando llegamos sólo había cadáveres y algún moribundo de mirada enloquecida. No se oía nada, tal vez los cuervos.
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viernes 18 de septiembre de 2009
HELENA FERKOVIC SE DESAHOGA CON F. J AGUIRRE.
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Abrázame, Fran, necesito que alguien me abrace y necesito pensar que Marko sigue vivo. Me han dicho que lo han visto entre los capturados de Kukuruzari que han salido en la RAI. Mi marido es el hombre más bueno del mundo, y el más guapo. Las mujeres que lo conocen te dirán que han estado locas por él desde que vino a veranear a Dubrovnik con quince años , y que él sólo ha tenido ojos para mi .
Abrázame, Fran, necesito que alguien me abrace y necesito pensar que Marko sigue vivo. Me han dicho que lo han visto entre los capturados de Kukuruzari que han salido en la RAI. Mi marido es el hombre más bueno del mundo, y el más guapo. Las mujeres que lo conocen te dirán que han estado locas por él desde que vino a veranear a Dubrovnik con quince años , y que él sólo ha tenido ojos para mi .
Tú algún día te irás y no volveremos a vernos nunca, eres un hombre extraño, de esos hombres que ha traído la guerra, pero hay algo en ti que me dice que no vas a hacerme daño y que nada malo puede llegar mientras esté contigo. Parece que comprendes las cosas que pasan. Cuando te veo con Darío mirando fotos, los dos tan inteligentes, tan peligrosos... sois tan distintos a mi marido. La guerra la ha traído gente como mi hermano y como el primo Stanko, que podía haberse quedado en Argentina, pero ha preferido venir a ayudar a matarnos. Tú no eres periodista, Franjo querido, la guerra es como un imán para ti, a mi me pasa todo lo contrario.
Teníamos que habernos quedado en Italia, ahora que Marko también tenía trabajo. Pero tuvimos que venir porque se empeñó en que mi hermano le hiciera un nuevo book. En Milán nos cobraban nueve mil dólares Aquí lo enredaron, fue todo tan rápido. No teníamos que haber venido, es lo único que veo claro. A parte de eso no entiendo nada y lo que menos entiendo es porqué nos están bombardeando. ¿Qué vas a pensar de nosotros, Franjo? No creas que esto ha sido siempre así, hace veinte años la vida era totalmente distinta y nadie podía pensar que iba a llegar lo que ha llegado. Yo entonces vivía en Split y como allí no teníamos un pabellón lo bastante alto para lanzar las mazas pasaba la mayor parte del año en Belgrado, con mi amiga Martina. Martina es como mi hermana. Todo el día entrenando, eso es lo que hacía. Luego estaban las competiciones. A España fui dos veces, a Barcelona. Entonces papá había venido a trabajar aquí y siempre me preguntaba por los hoteles, él trabajaba de director de un hotel y siempre quería saber si alguna cosa me había llamado la atención. Yo diferenciaba los países en países pobres y ricos, y distinguía entre hoteles limpios y sucios. En mi imaginación, España era un país más pobre que Yugoslavia y sus hoteles me parecían muy sucios porque había servilletas de papel tiradas en el suelo del bar.
Franjo, querido, si me hubieses visto cuando tenía quince años, no había en Europa una mujer que pisara como yo con la barbilla levantada y aquellas piernas tan largas. Luego vino el trabajo en Italia, el estudio de idiomas, el dinero, Marko... No te puedes imaginar la cantidad de hombres que han intentado hacer el amor conmigo, me han ofrecido Ferraris, viñedos, castillos, palacios. Yo me moría de risa porque sentía que tenía algo mucho más difícil de encontrar, mi Marko, mi amor que solo tiene ojos para mi, que solo vive para mi y que no puede estar muerto. Fran, querido, dime que no va a pasar nada malo, que tú estás aquí para evitar que pase nada malo. Y abrázame fuerte, Franjo, abrázame y déjame llorar.
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sábado 25 de julio de 2009
TRANSCRIPCIÓN DE LA CINTA Nº 67.
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Ponemos el reloj en hora para estar atentos dentro de quince minutos, el bolígrafo en la bandeja, ya tienen todos sus carpetas, bien... Observarán que la primera hoja se ha titulado "El incendio del Reichstag" para dejar contentos a los que insisten en ese objetivo, pero puede ser cualquiera de los otros tres. Ahí está todo detallado en lo que se puede detallar: empresas de transportes que van a cada sitio, remitentes de la mercancía, tamaño de los paquetes etc. Lo mejor es siempre mandar el regalo un viernes a última hora para que el personal deje la mercancía y las comprobaciones para el lunes. Bien. Las fotos de los almacenes no son muy buenas, pero en los cuatro objetivos se aprecia material de oficina y cosas así de inflamables. Las medidas contraincendios vienen detalladas y pueden ver que son deficientes tirando a pésimas. El objetivo es hacernos con la responsabilidad de esas medidas para conseguir que empeoren.
Bien. El incendio del Reichstag es lo que menos me importa porque es una tarea de principiantes. Lo interesante viene después, en la siguiente carpeta que se titula "El Golpe de la Sepia", en honor a nuestro pescador de guardia -risas-. Es un placer, don Emilio... Y a mi el título me parece cojonudo porque me recuerda a los peces humanos que se quedan mirando el fuego, igual que los pececillos cuando miran a la sepia que va cambiando de color y los hipnotiza. Pueden observar las fotos de las pruebas realizadas con doscientos, cuatrocientos y ochocientos gramos de C-4 en un perfil metálico y el plan detallado para derribar dos, seis y cuarenta y cuatro torres de alta tensión. Todos los tiempos que vienen ahí están comprobados tres veces, como mínimo, también vienen detalladas las torres de difícil acceso para que no haya dudas.
Y ahora es cuando hay que demostrar que la maquinaria funciona. Del par de cientos de acciones encomendadas al primer escalón deberían notarse, por lo menos, la mitad. Ahí vienen las acciones posibles a día de hoy con respecto a las empresas de montajes eléctricos que deberían reparar las averías. No creo que puedan reparar nada en un temporada muy larga si se cumplen los objetivos de las hojas treinta y siete y treinta y ocho. En las siguientes hojas viene el plan para las compañías de distribución, agua, gas y transporte... Y llegamos a la página setenta y tres donde vienen las opciones de aparición en los medios. Opción de reivindicar, no reivindicar las acciones, tardar equis tiempo en reivindicarlas etc. Como veis las opciones son variadas y de consecuencias complejas. Lógicamente, todos estos ejercicios están condicionados a las necesidades de nuestros socios y sus objetivos concretos... Bien, nos vamos acercando a la hora...Lo mejor de esta invento, algunos ya lo saben, es que está financiado con fondos de la Unión Europea que llegan al departamento de I+D+I de Aguirre Limitada. Bien. Ustedes miran el trabajo y hacen sus observaciones en un máximo de dos folios. Rollos los mínimos. Faltan treinta segundos... No crean que ha sido fácil conseguir este reloj tan chulo...quince. ¿Qué puede pasar ahora?
-Ruido seco. Explosión. Risas- Joder! Se supone que esto tenía que arder. -Risas más fuertes- Ah!, sí, mira, mira. Arde que se jode, como pueden apreciar. Un nuevo éxito de Industrias Aguirre. Apágalo, Aníbal, haz el favor.
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Ponemos el reloj en hora para estar atentos dentro de quince minutos, el bolígrafo en la bandeja, ya tienen todos sus carpetas, bien... Observarán que la primera hoja se ha titulado "El incendio del Reichstag" para dejar contentos a los que insisten en ese objetivo, pero puede ser cualquiera de los otros tres. Ahí está todo detallado en lo que se puede detallar: empresas de transportes que van a cada sitio, remitentes de la mercancía, tamaño de los paquetes etc. Lo mejor es siempre mandar el regalo un viernes a última hora para que el personal deje la mercancía y las comprobaciones para el lunes. Bien. Las fotos de los almacenes no son muy buenas, pero en los cuatro objetivos se aprecia material de oficina y cosas así de inflamables. Las medidas contraincendios vienen detalladas y pueden ver que son deficientes tirando a pésimas. El objetivo es hacernos con la responsabilidad de esas medidas para conseguir que empeoren.
Bien. El incendio del Reichstag es lo que menos me importa porque es una tarea de principiantes. Lo interesante viene después, en la siguiente carpeta que se titula "El Golpe de la Sepia", en honor a nuestro pescador de guardia -risas-. Es un placer, don Emilio... Y a mi el título me parece cojonudo porque me recuerda a los peces humanos que se quedan mirando el fuego, igual que los pececillos cuando miran a la sepia que va cambiando de color y los hipnotiza. Pueden observar las fotos de las pruebas realizadas con doscientos, cuatrocientos y ochocientos gramos de C-4 en un perfil metálico y el plan detallado para derribar dos, seis y cuarenta y cuatro torres de alta tensión. Todos los tiempos que vienen ahí están comprobados tres veces, como mínimo, también vienen detalladas las torres de difícil acceso para que no haya dudas.
Y ahora es cuando hay que demostrar que la maquinaria funciona. Del par de cientos de acciones encomendadas al primer escalón deberían notarse, por lo menos, la mitad. Ahí vienen las acciones posibles a día de hoy con respecto a las empresas de montajes eléctricos que deberían reparar las averías. No creo que puedan reparar nada en un temporada muy larga si se cumplen los objetivos de las hojas treinta y siete y treinta y ocho. En las siguientes hojas viene el plan para las compañías de distribución, agua, gas y transporte... Y llegamos a la página setenta y tres donde vienen las opciones de aparición en los medios. Opción de reivindicar, no reivindicar las acciones, tardar equis tiempo en reivindicarlas etc. Como veis las opciones son variadas y de consecuencias complejas. Lógicamente, todos estos ejercicios están condicionados a las necesidades de nuestros socios y sus objetivos concretos... Bien, nos vamos acercando a la hora...Lo mejor de esta invento, algunos ya lo saben, es que está financiado con fondos de la Unión Europea que llegan al departamento de I+D+I de Aguirre Limitada. Bien. Ustedes miran el trabajo y hacen sus observaciones en un máximo de dos folios. Rollos los mínimos. Faltan treinta segundos... No crean que ha sido fácil conseguir este reloj tan chulo...quince. ¿Qué puede pasar ahora?
-Ruido seco. Explosión. Risas- Joder! Se supone que esto tenía que arder. -Risas más fuertes- Ah!, sí, mira, mira. Arde que se jode, como pueden apreciar. Un nuevo éxito de Industrias Aguirre. Apágalo, Aníbal, haz el favor.
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domingo 19 de julio de 2009
KARMELE. (La prima de Libe). OBRA EN TRES ACTOS DE UNA HEROÍNA CONTEMPORANEA.
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Acto II. Escena I.
Personajes: Karmele, Padre, Madre, Abuela, Novio.
Suena el timbre y Karmele va a buscar a su novio a la profundidad oscura del escenario. Viene muy contenta con él agarrado del brazo. Es un chico alto y guapo, con pantalón vaquero, camisa blanca y chaqueta azul marino. Trae una bolsa del Corte Inglés.
Karmele (Visiblemente emocionada): Abuela, mamá, papá, este es Patxi.
Abuela: Buenas tardes joven, vuestro es el mundo.
Padre: Kaixo, Arrasalde on.
Madre: Pero que alto y que guapo es este chico!
Padre: Ningún novio es suficientemente alto para una hija.
Madre: ¿Y qué tal el viaje? Supongo que estarás algo cansado.
Novio: Vengo de aquí al lado, señora. Cuando nos hicimos novios lo primero que hice fue comprar un piso aquí, a la vuelta, para estar más cerca de Karmele. Al principio estuve en un Hotel, pero prefiero un piso, los hoteles son todos muy parecidos y hay veces cuando te despiertas que no sabes muy bien en qué país amaneces.
Karmele: Es que Patxi viaja mucho.
Padre: Y claro, como viaja mucho y ya tiene novia, un buen día dijo: pues nada, que me compro un piso en el centro de Bilbao. Es lo más normal. Y hablando de todo, ¿a qué se dedica, joven?
Novio: Yo tenía que haber sido ingeniero de Altos Hornos, pero como los cerraron estuve un tiempo dando tumbos por ahí hasta que hice la mili. Entonces me di cuenta de que quería ser soldado. Ahora trabajo en una empresa muy buena donde todos somos soldados.
Padre: ¿Y hay que estudiar mucho para hacer esas cosas?
Novio: Pues hay que estudiar bastante, sí. De hecho, en mi empresas tenemos tres premios Nobel en el departamento de I+D. No le pregunto cuantos hay en la suya porque ya sé que no hay ninguno.
Karmele: Dejar de hablar del trabajo y saca los regalos, Patxi. Patxi siempre regala libros.
Novio: (Saca un libro de la bolsa de plástico) Este es el último de Javier Ercilla, como acaba de salir le evito que tenga que ir usted mismo a comprarlo.(El padre da unas vueltas por el escenario mirando al cielo y con los puños cerrados). Habla de usted en unas cuantas páginas, de usted y de su señor padre. La verdad es que no le deja muy bien...
Padre: Qué cruz, qué cruz tengo con ese hombre! No soporta que una vez le gané la cátedra. En fin, me querellaré una vez más.
Novio: Aquí tengo uno para usted, señora. Mire qué libro: "La moda en el exilio". Hay muchas fotos de rusos blancos...
Madre: Me encanta, cuanta elegancia.
Novio: Mire, esta es una de mis favoritas: "Camino de Francia con la cabeza caliente y los pies fríos". Fíjese qué abrigo, estos botones vuelven a llevarse ahora...
Madre: Pero qué cosas más bonitas!
Novio: Y a usted abuela le traigo un libro con las fotografías más antiguas de Bilbao. Seguro que conoce esta, mírela bien.
Abuela: (Se ajusta las gafas para mirar) Cielo Santo! Es el caserío del abuelo de Iturribide, aquí es donde el tío Alipio puso la fábrica de gaseosas, aquí en esta esquina.
Novio: Pues sepa que en ese caserío pasaron más cosas. La pared de la huerta, por la parte de arriba hacía de muralla de Bilbao, cuando Bilbao estaba sitiado por los carlistas. Pues desde esa huerta salió el tiro que hirió mortalmente a Tomás de Zumalacárregui.
Abuela: No me diga!
Novio: Como lo oye. Estaba Zumalacárregui mirando desde un balcón de Begoña haciéndose el chulito con el catalejos y la boina blanca, cuando de repente: "PAMBA", se oyó un trabucazo que salió de la huerta de ese caserío. Está científicamente demostrado.
Abuela: Pues fíjate que a mi ese hombre me caía bien. Y ahora resulta que vamos a tener al asesino dentro de la propia familia.
Karmele: Pues ya que tenéis todos vuestro regalo vamos a pasara cenar, que se enfrían las angulas.
Desaparecen todos, charlando unos con otros, muy contentos, en el fondo oscuro del escenario.
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Acto II. Escena I.
Personajes: Karmele, Padre, Madre, Abuela, Novio.
Suena el timbre y Karmele va a buscar a su novio a la profundidad oscura del escenario. Viene muy contenta con él agarrado del brazo. Es un chico alto y guapo, con pantalón vaquero, camisa blanca y chaqueta azul marino. Trae una bolsa del Corte Inglés.
Karmele (Visiblemente emocionada): Abuela, mamá, papá, este es Patxi.
Abuela: Buenas tardes joven, vuestro es el mundo.
Padre: Kaixo, Arrasalde on.
Madre: Pero que alto y que guapo es este chico!
Padre: Ningún novio es suficientemente alto para una hija.
Madre: ¿Y qué tal el viaje? Supongo que estarás algo cansado.
Novio: Vengo de aquí al lado, señora. Cuando nos hicimos novios lo primero que hice fue comprar un piso aquí, a la vuelta, para estar más cerca de Karmele. Al principio estuve en un Hotel, pero prefiero un piso, los hoteles son todos muy parecidos y hay veces cuando te despiertas que no sabes muy bien en qué país amaneces.
Karmele: Es que Patxi viaja mucho.
Padre: Y claro, como viaja mucho y ya tiene novia, un buen día dijo: pues nada, que me compro un piso en el centro de Bilbao. Es lo más normal. Y hablando de todo, ¿a qué se dedica, joven?
Novio: Yo tenía que haber sido ingeniero de Altos Hornos, pero como los cerraron estuve un tiempo dando tumbos por ahí hasta que hice la mili. Entonces me di cuenta de que quería ser soldado. Ahora trabajo en una empresa muy buena donde todos somos soldados.
Padre: ¿Y hay que estudiar mucho para hacer esas cosas?
Novio: Pues hay que estudiar bastante, sí. De hecho, en mi empresas tenemos tres premios Nobel en el departamento de I+D. No le pregunto cuantos hay en la suya porque ya sé que no hay ninguno.
Karmele: Dejar de hablar del trabajo y saca los regalos, Patxi. Patxi siempre regala libros.
Novio: (Saca un libro de la bolsa de plástico) Este es el último de Javier Ercilla, como acaba de salir le evito que tenga que ir usted mismo a comprarlo.(El padre da unas vueltas por el escenario mirando al cielo y con los puños cerrados). Habla de usted en unas cuantas páginas, de usted y de su señor padre. La verdad es que no le deja muy bien...
Padre: Qué cruz, qué cruz tengo con ese hombre! No soporta que una vez le gané la cátedra. En fin, me querellaré una vez más.
Novio: Aquí tengo uno para usted, señora. Mire qué libro: "La moda en el exilio". Hay muchas fotos de rusos blancos...
Madre: Me encanta, cuanta elegancia.
Novio: Mire, esta es una de mis favoritas: "Camino de Francia con la cabeza caliente y los pies fríos". Fíjese qué abrigo, estos botones vuelven a llevarse ahora...
Madre: Pero qué cosas más bonitas!
Novio: Y a usted abuela le traigo un libro con las fotografías más antiguas de Bilbao. Seguro que conoce esta, mírela bien.
Abuela: (Se ajusta las gafas para mirar) Cielo Santo! Es el caserío del abuelo de Iturribide, aquí es donde el tío Alipio puso la fábrica de gaseosas, aquí en esta esquina.
Novio: Pues sepa que en ese caserío pasaron más cosas. La pared de la huerta, por la parte de arriba hacía de muralla de Bilbao, cuando Bilbao estaba sitiado por los carlistas. Pues desde esa huerta salió el tiro que hirió mortalmente a Tomás de Zumalacárregui.
Abuela: No me diga!
Novio: Como lo oye. Estaba Zumalacárregui mirando desde un balcón de Begoña haciéndose el chulito con el catalejos y la boina blanca, cuando de repente: "PAMBA", se oyó un trabucazo que salió de la huerta de ese caserío. Está científicamente demostrado.
Abuela: Pues fíjate que a mi ese hombre me caía bien. Y ahora resulta que vamos a tener al asesino dentro de la propia familia.
Karmele: Pues ya que tenéis todos vuestro regalo vamos a pasara cenar, que se enfrían las angulas.
Desaparecen todos, charlando unos con otros, muy contentos, en el fondo oscuro del escenario.
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viernes 10 de julio de 2009
F. J AMIEVA QUEDA ALGUNAS TARDES CON BEGOÑA ZABALA EN EL PISO DE GRAN VIA.
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Yo a tu padre lo quise todo lo que una mujer puede querer a un hombre. Para mi no ha habido nunca otro, ni en serio ni en broma, ni de ninguna manera. En cuanto lo vi supe que tenía algo especial, tan callado y con aquella mirada que parecía comprenderlo todo. Era tan guapo, tan bien plantado que me parecía un torero o un actor. Yo entonces estaba muy loca, las primeras palabras que le dije fueron: "Tu no lo sabes, pero nos hemos conocido en otra vida". Y él tan serio y a la vez con aquella sonrisa que te desarmaba: "Si quieres bailamos, pero ya tengo novia. Solo vengo por acompañar a éste".
Lo sabía, sabía que un chico como aquel tenía que estar cazado y que tenía que tener novia o mujer o lo que fuera con tal de no estar para mi. Yo me sentía el eslabón de una cadena de madres solteras que había empezado con mi madre, seguiría conmigo y terminaría vete a saber donde. Querrás creer que me parecía normal que fuese tan novio de tu madre, tan fiel a la palabra que había dado. Eso le hacía todavía más atractivo.
Tu padre se las arreglaba todos los días para sacar un par de mulas a beber a una fuente que había cerca del cuartel y yo le llevaba bocadillos de jamón y charlábamos. Me gustaba oír los planes que tenía, era tan listo y tenían tanto sentido las cosas que decía. Yo estaba decidida a esperarle el tiempo que hiciese falta. Conocía a los hombres mucho mejor que ninguna otra niña del colegio de las monjas. Menudas maestras tuve al otro lado de la ría, las que cosían para mi madre y hablaban y hablaban mientras cosían, y yo las escuchaba porque sabía que estaban hablando para mi. Fueron muchos años de escuchar y de reír. Que años más bonitos los de la infancia, para ser hija de madre soltera no estuvieron nada mal, y lo que aprendí, Dios mío. Siempre supe que no tendría que esperar mucho.
Mi padre, mientras tanto, se dedicaba a amargar la vida a mis hermanos, a sus hijos legítimos. Qué mal hablaba de ellos, Dios mío. En cambio a mi jamás me puso una mala cara. Lo cierto es que me quería porque jugaba conmigo y hablábamos todo lo que hacía falta hablar. Venía a casa cuando menos se le esperaba, jamás venía el día de Navidad, ni por los cumpleaños, ni en fechas señaladas, pero se presentaba cualquier día a cualquier hora. Total, le quedaba la casa a un paso del Banco. Cuando era muy niña jugaba con él a los caballitos, me sentaba en su pie y me lanzaba por el aire, me hacía cosquillas y yo me moría de risa. Sabía que era mi padre, aunque parecía mi abuelo. Tan alto, tan huesudo, tan elegante, con aquellos abrigos hechos a medida. Mi padre jugaba conmigo si venía y si no venía nadie le echaba en falta. Nadie hablaba de él cuando no estaba. Tampoco yo hablaba de él, siempre supe de qué se podía hablar y de qué no, y de papá no se podía hablar. Era sencillo y si lo aprendes desde pequeña te parece normal. Cuando era más mayor venía los sábados o los domingos y seguía jugando conmigo, me hacía cosquillas y me reía con él. Qué bien olía a colonias caras, nada que ver con la gente que entraba a la tienda. Era un gran señor, siempre de buen humor, siempre con ganas de bromear. "Tú tenías que haber sido chico", me decía, "tienes cara de lista, tienes cara de ser mucho más lista que los zoquetes que tengo en casa".
Mi madre, mientras tanto, no paraba de hablar y de muermear una letanía que mi padre ni escuchaba. Él jugaba conmigo y ella allí, como un disco rayado con la historia de que la mercería no era negocio, que sí podía dar para vivir, pero que no era negocio. Y coser para las modistas resulta que era menos negocio todavía, y que si patatín, y que si patatán. Y mi padre jugaba conmigo a hacerme cosquillas y a mi me encantaba, y mi madre venga hablar de lo que era negocio y de lo que no era negocio y de que habían salido no sé cuantas telas que no se podían lavar con agua y que había que poner una tintorería porque cada vez salían más telas que había que lavar en seco, y total, todos los vestidos que cosía tenía que mandarlos a limpiar fuera y que si esto y que si lo otro. Yo entonces no lo sabía, pero luego me di cuenta de que era una niña mimada y querida. Ya ves, esa es la realidad, mi padre me columpiaba en el pie y me tiraba por el aire mientras decía: "Hombre, hombre, hombre... a esta niña no le puede faltar de nada. Nunca le va a faltar de nada a esta niña... porque tiene una madre que está hecha una negocianta".
F.J Amieva repasaba lentamente con una cucharilla las paredes de la taza de chocolate y Begoña se sirvió más agua porque tenía la boca seca de tanto hablar. Qué mujer más excepcional, pensó, no me extraña que mi padre la quisiera tanto.
-Begoña, dijo F.J sin dejar de repasar la taza, y Begoña supo que F.J iba a pedirle algo. Lo quería como a un hijo y a los hijos se les suele conocer bien.
-Dime.
-El otro día me hablaste de una tal Sonia que se dedica a buscar mujeres para el servicio doméstico de los nuevos ricos.
-¿Necesitas alguna chica?
-No es eso, es que estoy haciendo un trabajo para la Universidad y necesito entrevistar a alguien que sepa cómo está el mundo de las criadas.
En la calle caía esa lluvia cansina que se adivina a la luz de las farolas y de los coches. El atasco en la Gran Vía era el habitual a aquellas horas. F.J apartó ligeramente una cortina y apreció el espectáculo de la ciudad que bullía. Begoña le dio un beso en la mejilla y le acercó un paraguas.
-Dile a Juan José que no sea tan arisco y que venga a verme, le prepararé rosquillas.
F. J abrazó a la mujer y le dio dos besos sinceros, de esos besos que se dan a alguien que quieres.
-El jueves que viene vengo con él. Tú llama a Sonia y dile que quiero quedar con ella, a ver qué día le viene bien.
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Yo a tu padre lo quise todo lo que una mujer puede querer a un hombre. Para mi no ha habido nunca otro, ni en serio ni en broma, ni de ninguna manera. En cuanto lo vi supe que tenía algo especial, tan callado y con aquella mirada que parecía comprenderlo todo. Era tan guapo, tan bien plantado que me parecía un torero o un actor. Yo entonces estaba muy loca, las primeras palabras que le dije fueron: "Tu no lo sabes, pero nos hemos conocido en otra vida". Y él tan serio y a la vez con aquella sonrisa que te desarmaba: "Si quieres bailamos, pero ya tengo novia. Solo vengo por acompañar a éste".
Lo sabía, sabía que un chico como aquel tenía que estar cazado y que tenía que tener novia o mujer o lo que fuera con tal de no estar para mi. Yo me sentía el eslabón de una cadena de madres solteras que había empezado con mi madre, seguiría conmigo y terminaría vete a saber donde. Querrás creer que me parecía normal que fuese tan novio de tu madre, tan fiel a la palabra que había dado. Eso le hacía todavía más atractivo.
Tu padre se las arreglaba todos los días para sacar un par de mulas a beber a una fuente que había cerca del cuartel y yo le llevaba bocadillos de jamón y charlábamos. Me gustaba oír los planes que tenía, era tan listo y tenían tanto sentido las cosas que decía. Yo estaba decidida a esperarle el tiempo que hiciese falta. Conocía a los hombres mucho mejor que ninguna otra niña del colegio de las monjas. Menudas maestras tuve al otro lado de la ría, las que cosían para mi madre y hablaban y hablaban mientras cosían, y yo las escuchaba porque sabía que estaban hablando para mi. Fueron muchos años de escuchar y de reír. Que años más bonitos los de la infancia, para ser hija de madre soltera no estuvieron nada mal, y lo que aprendí, Dios mío. Siempre supe que no tendría que esperar mucho.
Mi padre, mientras tanto, se dedicaba a amargar la vida a mis hermanos, a sus hijos legítimos. Qué mal hablaba de ellos, Dios mío. En cambio a mi jamás me puso una mala cara. Lo cierto es que me quería porque jugaba conmigo y hablábamos todo lo que hacía falta hablar. Venía a casa cuando menos se le esperaba, jamás venía el día de Navidad, ni por los cumpleaños, ni en fechas señaladas, pero se presentaba cualquier día a cualquier hora. Total, le quedaba la casa a un paso del Banco. Cuando era muy niña jugaba con él a los caballitos, me sentaba en su pie y me lanzaba por el aire, me hacía cosquillas y yo me moría de risa. Sabía que era mi padre, aunque parecía mi abuelo. Tan alto, tan huesudo, tan elegante, con aquellos abrigos hechos a medida. Mi padre jugaba conmigo si venía y si no venía nadie le echaba en falta. Nadie hablaba de él cuando no estaba. Tampoco yo hablaba de él, siempre supe de qué se podía hablar y de qué no, y de papá no se podía hablar. Era sencillo y si lo aprendes desde pequeña te parece normal. Cuando era más mayor venía los sábados o los domingos y seguía jugando conmigo, me hacía cosquillas y me reía con él. Qué bien olía a colonias caras, nada que ver con la gente que entraba a la tienda. Era un gran señor, siempre de buen humor, siempre con ganas de bromear. "Tú tenías que haber sido chico", me decía, "tienes cara de lista, tienes cara de ser mucho más lista que los zoquetes que tengo en casa".
Mi madre, mientras tanto, no paraba de hablar y de muermear una letanía que mi padre ni escuchaba. Él jugaba conmigo y ella allí, como un disco rayado con la historia de que la mercería no era negocio, que sí podía dar para vivir, pero que no era negocio. Y coser para las modistas resulta que era menos negocio todavía, y que si patatín, y que si patatán. Y mi padre jugaba conmigo a hacerme cosquillas y a mi me encantaba, y mi madre venga hablar de lo que era negocio y de lo que no era negocio y de que habían salido no sé cuantas telas que no se podían lavar con agua y que había que poner una tintorería porque cada vez salían más telas que había que lavar en seco, y total, todos los vestidos que cosía tenía que mandarlos a limpiar fuera y que si esto y que si lo otro. Yo entonces no lo sabía, pero luego me di cuenta de que era una niña mimada y querida. Ya ves, esa es la realidad, mi padre me columpiaba en el pie y me tiraba por el aire mientras decía: "Hombre, hombre, hombre... a esta niña no le puede faltar de nada. Nunca le va a faltar de nada a esta niña... porque tiene una madre que está hecha una negocianta".
F.J Amieva repasaba lentamente con una cucharilla las paredes de la taza de chocolate y Begoña se sirvió más agua porque tenía la boca seca de tanto hablar. Qué mujer más excepcional, pensó, no me extraña que mi padre la quisiera tanto.
-Begoña, dijo F.J sin dejar de repasar la taza, y Begoña supo que F.J iba a pedirle algo. Lo quería como a un hijo y a los hijos se les suele conocer bien.
-Dime.
-El otro día me hablaste de una tal Sonia que se dedica a buscar mujeres para el servicio doméstico de los nuevos ricos.
-¿Necesitas alguna chica?
-No es eso, es que estoy haciendo un trabajo para la Universidad y necesito entrevistar a alguien que sepa cómo está el mundo de las criadas.
En la calle caía esa lluvia cansina que se adivina a la luz de las farolas y de los coches. El atasco en la Gran Vía era el habitual a aquellas horas. F.J apartó ligeramente una cortina y apreció el espectáculo de la ciudad que bullía. Begoña le dio un beso en la mejilla y le acercó un paraguas.
-Dile a Juan José que no sea tan arisco y que venga a verme, le prepararé rosquillas.
F. J abrazó a la mujer y le dio dos besos sinceros, de esos besos que se dan a alguien que quieres.
-El jueves que viene vengo con él. Tú llama a Sonia y dile que quiero quedar con ella, a ver qué día le viene bien.
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