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Ponemos el reloj en hora para estar atentos dentro de quince minutos, el bolígrafo en la bandeja, ya tienen todos sus carpetas, bien... Observarán que la primera hoja se ha titulado "El incendio del Reichstag" para dejar contentos a los que insisten en ese objetivo, pero puede ser cualquiera de los otros tres. Ahí está todo detallado en lo que se puede detallar: empresas de transportes que van a cada sitio, remitentes de la mercancía, tamaño de los paquetes etc. Lo mejor es siempre mandar el regalo un viernes a última hora para que el personal deje la mercancía y las comprobaciones para el lunes. Bien. Las fotos de los almacenes no son muy buenas, pero en los cuatro objetivos se aprecia material de oficina y cosas así de inflamables. Las medidas contraincendios vienen detalladas y pueden ver que son deficientes tirando a pésimas. El objetivo es hacernos con la responsabilidad de esas medidas para conseguir que empeoren.
Bien. El incendio del Reichstag es lo que menos me importa porque es una tarea de principiantes. Lo interesante viene después, en la siguiente carpeta que se titula "El Golpe de la Sepia", en honor a nuestro pescador de guardia -risas-. Es un placer, don Emilio... Y a mi el título me parece cojonudo porque me recuerda a los peces humanos que se quedan mirando el fuego, igual que los pececillos cuando miran a la sepia que va cambiando de color y los hipnotiza. Pueden observar las fotos de las pruebas realizadas con doscientos, cuatrocientos y ochocientos gramos de C-4 en un perfil metálico y el plan detallado para derribar dos, seis y cuarenta y cuatro torres de alta tensión. Todos los tiempos que vienen ahí están comprobados tres veces, como mínimo, también vienen detalladas las torres de difícil acceso para que no haya dudas.
Y ahora es cuando hay que demostrar que la maquinaria funciona. Del par de cientos de acciones encomendadas al primer escalón deberían notarse, por lo menos, la mitad. Ahí vienen las acciones posibles a día de hoy con respecto a las empresas de montajes eléctricos que deberían reparar las averías. No creo que puedan reparar nada en un temporada muy larga si se cumplen los objetivos de las hojas treinta y siete y treinta y ocho. En las siguientes hojas viene el plan para las compañías de distribución, agua, gas y transporte... Y llegamos a la página setenta y tres donde vienen las opciones de aparición en los medios. Opción de reivindicar, no reivindicar las acciones, tardar equis tiempo en reivindicarlas etc. Como veis las opciones son variadas y de consecuencias complejas. Lógicamente, todos estos ejercicios están condicionados a las necesidades de nuestros socios y sus objetivos concretos... Bien, nos vamos acercando a la hora...Lo mejor de esta invento, algunos ya lo saben, es que está financiado con fondos de la Unión Europea que llegan al departamento de I+D+I de Aguirre Limitada. Bien. Ustedes miran el trabajo y hacen sus observaciones en un máximo de dos folios. Rollos los mínimos. Faltan treinta segundos... No crean que ha sido fácil conseguir este reloj tan chulo...quince. ¿Qué puede pasar ahora?
-Ruido seco. Explosión. Risas- Joder! Se supone que esto tenía que arder. -Risas más fuertes- Ah!, sí, mira, mira. Arde que se jode, como pueden apreciar. Un nuevo éxito de Industrias Aguirre. Apágalo, Aníbal, haz el favor.
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sábado, 25 de julio de 2009
domingo, 19 de julio de 2009
KARMELE. (La prima de Libe). OBRA EN TRES ACTOS DE UNA HEROÍNA CONTEMPORANEA.
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Acto II. Escena I.
Personajes: Karmele, Padre, Madre, Abuela, Novio.
Suena el timbre y Karmele va a buscar a su novio a la profundidad oscura del escenario. Viene muy contenta con él agarrado del brazo. Es un chico alto y guapo, con pantalón vaquero, camisa blanca y chaqueta azul marino. Trae una bolsa del Corte Inglés.
Karmele (Visiblemente emocionada): Abuela, mamá, papá, este es Patxi.
Abuela: Buenas tardes joven, vuestro es el mundo.
Padre: Kaixo, Arrasalde on.
Madre: Pero que alto y que guapo es este chico!
Padre: Ningún novio es suficientemente alto para una hija.
Madre: ¿Y qué tal el viaje? Supongo que estarás algo cansado.
Novio: Vengo de aquí al lado, señora. Cuando nos hicimos novios lo primero que hice fue comprar un piso aquí, a la vuelta, para estar más cerca de Karmele. Al principio estuve en un Hotel, pero prefiero un piso, los hoteles son todos muy parecidos y hay veces cuando te despiertas que no sabes muy bien en qué país amaneces.
Karmele: Es que Patxi viaja mucho.
Padre: Y claro, como viaja mucho y ya tiene novia, un buen día dijo: pues nada, que me compro un piso en el centro de Bilbao. Es lo más normal. Y hablando de todo, ¿a qué se dedica, joven?
Novio: Yo tenía que haber sido ingeniero de Altos Hornos, pero como los cerraron estuve un tiempo dando tumbos por ahí hasta que hice la mili. Entonces me di cuenta de que quería ser soldado. Ahora trabajo en una empresa muy buena donde todos somos soldados.
Padre: ¿Y hay que estudiar mucho para hacer esas cosas?
Novio: Pues hay que estudiar bastante, sí. De hecho, en mi empresas tenemos tres premios Nobel en el departamento de I+D. No le pregunto cuantos hay en la suya porque ya sé que no hay ninguno.
Karmele: Dejar de hablar del trabajo y saca los regalos, Patxi. Patxi siempre regala libros.
Novio: (Saca un libro de la bolsa de plástico) Este es el último de Javier Ercilla, como acaba de salir le evito que tenga que ir usted mismo a comprarlo.(El padre da unas vueltas por el escenario mirando al cielo y con los puños cerrados). Habla de usted en unas cuantas páginas, de usted y de su señor padre. La verdad es que no le deja muy bien...
Padre: Qué cruz, qué cruz tengo con ese hombre! No soporta que una vez le gané la cátedra. En fin, me querellaré una vez más.
Novio: Aquí tengo uno para usted, señora. Mire qué libro: "La moda en el exilio". Hay muchas fotos de rusos blancos...
Madre: Me encanta, cuanta elegancia.
Novio: Mire, esta es una de mis favoritas: "Camino de Francia con la cabeza caliente y los pies fríos". Fíjese qué abrigo, estos botones vuelven a llevarse ahora...
Madre: Pero qué cosas más bonitas!
Novio: Y a usted abuela le traigo un libro con las fotografías más antiguas de Bilbao. Seguro que conoce esta, mírela bien.
Abuela: (Se ajusta las gafas para mirar) Cielo Santo! Es el caserío del abuelo de Iturribide, aquí es donde el tío Alipio puso la fábrica de gaseosas, aquí en esta esquina.
Novio: Pues sepa que en ese caserío pasaron más cosas. La pared de la huerta, por la parte de arriba hacía de muralla de Bilbao, cuando Bilbao estaba sitiado por los carlistas. Pues desde esa huerta salió el tiro que hirió mortalmente a Tomás de Zumalacárregui.
Abuela: No me diga!
Novio: Como lo oye. Estaba Zumalacárregui mirando desde un balcón de Begoña haciéndose el chulito con el catalejos y la boina blanca, cuando de repente: "PAMBA", se oyó un trabucazo que salió de la huerta de ese caserío. Está científicamente demostrado.
Abuela: Pues fíjate que a mi ese hombre me caía bien. Y ahora resulta que vamos a tener al asesino dentro de la propia familia.
Karmele: Pues ya que tenéis todos vuestro regalo vamos a pasara cenar, que se enfrían las angulas.
Desaparecen todos, charlando unos con otros, muy contentos, en el fondo oscuro del escenario.
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Acto II. Escena I.
Personajes: Karmele, Padre, Madre, Abuela, Novio.
Suena el timbre y Karmele va a buscar a su novio a la profundidad oscura del escenario. Viene muy contenta con él agarrado del brazo. Es un chico alto y guapo, con pantalón vaquero, camisa blanca y chaqueta azul marino. Trae una bolsa del Corte Inglés.
Karmele (Visiblemente emocionada): Abuela, mamá, papá, este es Patxi.
Abuela: Buenas tardes joven, vuestro es el mundo.
Padre: Kaixo, Arrasalde on.
Madre: Pero que alto y que guapo es este chico!
Padre: Ningún novio es suficientemente alto para una hija.
Madre: ¿Y qué tal el viaje? Supongo que estarás algo cansado.
Novio: Vengo de aquí al lado, señora. Cuando nos hicimos novios lo primero que hice fue comprar un piso aquí, a la vuelta, para estar más cerca de Karmele. Al principio estuve en un Hotel, pero prefiero un piso, los hoteles son todos muy parecidos y hay veces cuando te despiertas que no sabes muy bien en qué país amaneces.
Karmele: Es que Patxi viaja mucho.
Padre: Y claro, como viaja mucho y ya tiene novia, un buen día dijo: pues nada, que me compro un piso en el centro de Bilbao. Es lo más normal. Y hablando de todo, ¿a qué se dedica, joven?
Novio: Yo tenía que haber sido ingeniero de Altos Hornos, pero como los cerraron estuve un tiempo dando tumbos por ahí hasta que hice la mili. Entonces me di cuenta de que quería ser soldado. Ahora trabajo en una empresa muy buena donde todos somos soldados.
Padre: ¿Y hay que estudiar mucho para hacer esas cosas?
Novio: Pues hay que estudiar bastante, sí. De hecho, en mi empresas tenemos tres premios Nobel en el departamento de I+D. No le pregunto cuantos hay en la suya porque ya sé que no hay ninguno.
Karmele: Dejar de hablar del trabajo y saca los regalos, Patxi. Patxi siempre regala libros.
Novio: (Saca un libro de la bolsa de plástico) Este es el último de Javier Ercilla, como acaba de salir le evito que tenga que ir usted mismo a comprarlo.(El padre da unas vueltas por el escenario mirando al cielo y con los puños cerrados). Habla de usted en unas cuantas páginas, de usted y de su señor padre. La verdad es que no le deja muy bien...
Padre: Qué cruz, qué cruz tengo con ese hombre! No soporta que una vez le gané la cátedra. En fin, me querellaré una vez más.
Novio: Aquí tengo uno para usted, señora. Mire qué libro: "La moda en el exilio". Hay muchas fotos de rusos blancos...
Madre: Me encanta, cuanta elegancia.
Novio: Mire, esta es una de mis favoritas: "Camino de Francia con la cabeza caliente y los pies fríos". Fíjese qué abrigo, estos botones vuelven a llevarse ahora...
Madre: Pero qué cosas más bonitas!
Novio: Y a usted abuela le traigo un libro con las fotografías más antiguas de Bilbao. Seguro que conoce esta, mírela bien.
Abuela: (Se ajusta las gafas para mirar) Cielo Santo! Es el caserío del abuelo de Iturribide, aquí es donde el tío Alipio puso la fábrica de gaseosas, aquí en esta esquina.
Novio: Pues sepa que en ese caserío pasaron más cosas. La pared de la huerta, por la parte de arriba hacía de muralla de Bilbao, cuando Bilbao estaba sitiado por los carlistas. Pues desde esa huerta salió el tiro que hirió mortalmente a Tomás de Zumalacárregui.
Abuela: No me diga!
Novio: Como lo oye. Estaba Zumalacárregui mirando desde un balcón de Begoña haciéndose el chulito con el catalejos y la boina blanca, cuando de repente: "PAMBA", se oyó un trabucazo que salió de la huerta de ese caserío. Está científicamente demostrado.
Abuela: Pues fíjate que a mi ese hombre me caía bien. Y ahora resulta que vamos a tener al asesino dentro de la propia familia.
Karmele: Pues ya que tenéis todos vuestro regalo vamos a pasara cenar, que se enfrían las angulas.
Desaparecen todos, charlando unos con otros, muy contentos, en el fondo oscuro del escenario.
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viernes, 10 de julio de 2009
F. J AMIEVA QUEDA ALGUNAS TARDES CON BEGOÑA ZABALA EN EL PISO DE GRAN VIA.
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Yo a tu padre lo quise todo lo que una mujer puede querer a un hombre. Para mi no ha habido nunca otro, ni en serio ni en broma, ni de ninguna manera. En cuanto lo vi supe que tenía algo especial, tan callado y con aquella mirada que parecía comprenderlo todo. Era tan guapo, tan bien plantado que me parecía un torero o un actor. Yo entonces estaba muy loca, las primeras palabras que le dije fueron: "Tu no lo sabes, pero nos hemos conocido en otra vida". Y él tan serio y a la vez con aquella sonrisa que te desarmaba: "Si quieres bailamos, pero ya tengo novia. Solo vengo por acompañar a éste".
Lo sabía, sabía que un chico como aquel tenía que estar cazado y que tenía que tener novia o mujer o lo que fuera con tal de no estar para mi. Yo me sentía el eslabón de una cadena de madres solteras que había empezado con mi madre, seguiría conmigo y terminaría vete a saber donde. Querrás creer que me parecía normal que fuese tan novio de tu madre, tan fiel a la palabra que había dado. Eso le hacía todavía más atractivo.
Tu padre se las arreglaba todos los días para sacar un par de mulas a beber a una fuente que había cerca del cuartel y yo le llevaba bocadillos de jamón y charlábamos. Me gustaba oír los planes que tenía, era tan listo y tenían tanto sentido las cosas que decía. Yo estaba decidida a esperarle el tiempo que hiciese falta. Conocía a los hombres mucho mejor que ninguna otra niña del colegio de las monjas. Menudas maestras tuve al otro lado de la ría, las que cosían para mi madre y hablaban y hablaban mientras cosían, y yo las escuchaba porque sabía que estaban hablando para mi. Fueron muchos años de escuchar y de reír. Que años más bonitos los de la infancia, para ser hija de madre soltera no estuvieron nada mal, y lo que aprendí, Dios mío. Siempre supe que no tendría que esperar mucho.
Mi padre, mientras tanto, se dedicaba a amargar la vida a mis hermanos, a sus hijos legítimos. Qué mal hablaba de ellos, Dios mío. En cambio a mi jamás me puso una mala cara. Lo cierto es que me quería porque jugaba conmigo y hablábamos todo lo que hacía falta hablar. Venía a casa cuando menos se le esperaba, jamás venía el día de Navidad, ni por los cumpleaños, ni en fechas señaladas, pero se presentaba cualquier día a cualquier hora. Total, le quedaba la casa a un paso del Banco. Cuando era muy niña jugaba con él a los caballitos, me sentaba en su pie y me lanzaba por el aire, me hacía cosquillas y yo me moría de risa. Sabía que era mi padre, aunque parecía mi abuelo. Tan alto, tan huesudo, tan elegante, con aquellos abrigos hechos a medida. Mi padre jugaba conmigo si venía y si no venía nadie le echaba en falta. Nadie hablaba de él cuando no estaba. Tampoco yo hablaba de él, siempre supe de qué se podía hablar y de qué no, y de papá no se podía hablar. Era sencillo y si lo aprendes desde pequeña te parece normal. Cuando era más mayor venía los sábados o los domingos y seguía jugando conmigo, me hacía cosquillas y me reía con él. Qué bien olía a colonias caras, nada que ver con la gente que entraba a la tienda. Era un gran señor, siempre de buen humor, siempre con ganas de bromear. "Tú tenías que haber sido chico", me decía, "tienes cara de lista, tienes cara de ser mucho más lista que los zoquetes que tengo en casa".
Mi madre, mientras tanto, no paraba de hablar y de muermear una letanía que mi padre ni escuchaba. Él jugaba conmigo y ella allí, como un disco rayado con la historia de que la mercería no era negocio, que sí podía dar para vivir, pero que no era negocio. Y coser para las modistas resulta que era menos negocio todavía, y que si patatín, y que si patatán. Y mi padre jugaba conmigo a hacerme cosquillas y a mi me encantaba, y mi madre venga hablar de lo que era negocio y de lo que no era negocio y de que habían salido no sé cuantas telas que no se podían lavar con agua y que había que poner una tintorería porque cada vez salían más telas que había que lavar en seco, y total, todos los vestidos que cosía tenía que mandarlos a limpiar fuera y que si esto y que si lo otro. Yo entonces no lo sabía, pero luego me di cuenta de que era una niña mimada y querida. Ya ves, esa es la realidad, mi padre me columpiaba en el pie y me tiraba por el aire mientras decía: "Hombre, hombre, hombre... a esta niña no le puede faltar de nada. Nunca le va a faltar de nada a esta niña... porque tiene una madre que está hecha una negocianta".
F.J Amieva repasaba lentamente con una cucharilla las paredes de la taza de chocolate y Begoña se sirvió más agua porque tenía la boca seca de tanto hablar. Qué mujer más excepcional, pensó, no me extraña que mi padre la quisiera tanto.
-Begoña, dijo F.J sin dejar de repasar la taza, y Begoña supo que F.J iba a pedirle algo. Lo quería como a un hijo y a los hijos se les suele conocer bien.
-Dime.
-El otro día me hablaste de una tal Sonia que se dedica a buscar mujeres para el servicio doméstico de los nuevos ricos.
-¿Necesitas alguna chica?
-No es eso, es que estoy haciendo un trabajo para la Universidad y necesito entrevistar a alguien que sepa cómo está el mundo de las criadas.
En la calle caía esa lluvia cansina que se adivina a la luz de las farolas y de los coches. El atasco en la Gran Vía era el habitual a aquellas horas. F.J apartó ligeramente una cortina y apreció el espectáculo de la ciudad que bullía. Begoña le dio un beso en la mejilla y le acercó un paraguas.
-Dile a Juan José que no sea tan arisco y que venga a verme, le prepararé rosquillas.
F. J abrazó a la mujer y le dio dos besos sinceros, de esos besos que se dan a alguien que quieres.
-El jueves que viene vengo con él. Tú llama a Sonia y dile que quiero quedar con ella, a ver qué día le viene bien.
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Yo a tu padre lo quise todo lo que una mujer puede querer a un hombre. Para mi no ha habido nunca otro, ni en serio ni en broma, ni de ninguna manera. En cuanto lo vi supe que tenía algo especial, tan callado y con aquella mirada que parecía comprenderlo todo. Era tan guapo, tan bien plantado que me parecía un torero o un actor. Yo entonces estaba muy loca, las primeras palabras que le dije fueron: "Tu no lo sabes, pero nos hemos conocido en otra vida". Y él tan serio y a la vez con aquella sonrisa que te desarmaba: "Si quieres bailamos, pero ya tengo novia. Solo vengo por acompañar a éste".
Lo sabía, sabía que un chico como aquel tenía que estar cazado y que tenía que tener novia o mujer o lo que fuera con tal de no estar para mi. Yo me sentía el eslabón de una cadena de madres solteras que había empezado con mi madre, seguiría conmigo y terminaría vete a saber donde. Querrás creer que me parecía normal que fuese tan novio de tu madre, tan fiel a la palabra que había dado. Eso le hacía todavía más atractivo.
Tu padre se las arreglaba todos los días para sacar un par de mulas a beber a una fuente que había cerca del cuartel y yo le llevaba bocadillos de jamón y charlábamos. Me gustaba oír los planes que tenía, era tan listo y tenían tanto sentido las cosas que decía. Yo estaba decidida a esperarle el tiempo que hiciese falta. Conocía a los hombres mucho mejor que ninguna otra niña del colegio de las monjas. Menudas maestras tuve al otro lado de la ría, las que cosían para mi madre y hablaban y hablaban mientras cosían, y yo las escuchaba porque sabía que estaban hablando para mi. Fueron muchos años de escuchar y de reír. Que años más bonitos los de la infancia, para ser hija de madre soltera no estuvieron nada mal, y lo que aprendí, Dios mío. Siempre supe que no tendría que esperar mucho.
Mi padre, mientras tanto, se dedicaba a amargar la vida a mis hermanos, a sus hijos legítimos. Qué mal hablaba de ellos, Dios mío. En cambio a mi jamás me puso una mala cara. Lo cierto es que me quería porque jugaba conmigo y hablábamos todo lo que hacía falta hablar. Venía a casa cuando menos se le esperaba, jamás venía el día de Navidad, ni por los cumpleaños, ni en fechas señaladas, pero se presentaba cualquier día a cualquier hora. Total, le quedaba la casa a un paso del Banco. Cuando era muy niña jugaba con él a los caballitos, me sentaba en su pie y me lanzaba por el aire, me hacía cosquillas y yo me moría de risa. Sabía que era mi padre, aunque parecía mi abuelo. Tan alto, tan huesudo, tan elegante, con aquellos abrigos hechos a medida. Mi padre jugaba conmigo si venía y si no venía nadie le echaba en falta. Nadie hablaba de él cuando no estaba. Tampoco yo hablaba de él, siempre supe de qué se podía hablar y de qué no, y de papá no se podía hablar. Era sencillo y si lo aprendes desde pequeña te parece normal. Cuando era más mayor venía los sábados o los domingos y seguía jugando conmigo, me hacía cosquillas y me reía con él. Qué bien olía a colonias caras, nada que ver con la gente que entraba a la tienda. Era un gran señor, siempre de buen humor, siempre con ganas de bromear. "Tú tenías que haber sido chico", me decía, "tienes cara de lista, tienes cara de ser mucho más lista que los zoquetes que tengo en casa".
Mi madre, mientras tanto, no paraba de hablar y de muermear una letanía que mi padre ni escuchaba. Él jugaba conmigo y ella allí, como un disco rayado con la historia de que la mercería no era negocio, que sí podía dar para vivir, pero que no era negocio. Y coser para las modistas resulta que era menos negocio todavía, y que si patatín, y que si patatán. Y mi padre jugaba conmigo a hacerme cosquillas y a mi me encantaba, y mi madre venga hablar de lo que era negocio y de lo que no era negocio y de que habían salido no sé cuantas telas que no se podían lavar con agua y que había que poner una tintorería porque cada vez salían más telas que había que lavar en seco, y total, todos los vestidos que cosía tenía que mandarlos a limpiar fuera y que si esto y que si lo otro. Yo entonces no lo sabía, pero luego me di cuenta de que era una niña mimada y querida. Ya ves, esa es la realidad, mi padre me columpiaba en el pie y me tiraba por el aire mientras decía: "Hombre, hombre, hombre... a esta niña no le puede faltar de nada. Nunca le va a faltar de nada a esta niña... porque tiene una madre que está hecha una negocianta".
F.J Amieva repasaba lentamente con una cucharilla las paredes de la taza de chocolate y Begoña se sirvió más agua porque tenía la boca seca de tanto hablar. Qué mujer más excepcional, pensó, no me extraña que mi padre la quisiera tanto.
-Begoña, dijo F.J sin dejar de repasar la taza, y Begoña supo que F.J iba a pedirle algo. Lo quería como a un hijo y a los hijos se les suele conocer bien.
-Dime.
-El otro día me hablaste de una tal Sonia que se dedica a buscar mujeres para el servicio doméstico de los nuevos ricos.
-¿Necesitas alguna chica?
-No es eso, es que estoy haciendo un trabajo para la Universidad y necesito entrevistar a alguien que sepa cómo está el mundo de las criadas.
En la calle caía esa lluvia cansina que se adivina a la luz de las farolas y de los coches. El atasco en la Gran Vía era el habitual a aquellas horas. F.J apartó ligeramente una cortina y apreció el espectáculo de la ciudad que bullía. Begoña le dio un beso en la mejilla y le acercó un paraguas.
-Dile a Juan José que no sea tan arisco y que venga a verme, le prepararé rosquillas.
F. J abrazó a la mujer y le dio dos besos sinceros, de esos besos que se dan a alguien que quieres.
-El jueves que viene vengo con él. Tú llama a Sonia y dile que quiero quedar con ella, a ver qué día le viene bien.
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martes, 30 de junio de 2009
PROGRAMA DE ACTIVIDADES DEL QUINTO ESCALÓN PARA EL MES DE MAYO DE 2003.
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Cifra. EL01. SE
MIÉRCOLES 7
Solicitud de informe para ubicación de complejo de entrenamiento táctico especializado para unidad de reconocimiento anfibio y captura de plataformas petrolíferas.
Cliente: Tomcat. Plazo de entrega: seis meses. Idioma: inglés. Responsables: F.J Aguirre y Anibal Álvarez.
MIÉRCOLES 14
Estudio de candidatos a ingresar en el Primer Escalón.
Responsables: Javier Ercilla y J.A Hoyos.
MIÉRCOLES 21
Desarrollo de estrategias no convencionales de combate.
Proyecto para localización de redactores y guionistas junior en idioma francés.
Cliente: Tomcat. Plazo de ejecución: doce meses. Responsables: Aitor García y Pablo Zaballa.
MIÉRCOLES 28
Sistemas avanzados de manipulación y control social.
Lectura de redacciones seleccionadas en idioma español sobre "El Nombre de Calahorra", "Si perdemos Calahorra qué nos queda" y "Una Historia fantástica del valle del Ebro".
Responsables: Esther González y F.J Álvarez.
Están rebajados de asistencia A.J Barrio el miércoles 7, por motivos de trabajo y posiblemente F.J Aguirre el miércoles 28 por viaje.
El presidente de turno.
J.A Ruiz de Azúa y Zárate.
Cifra. EL01. SE
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Cifra. EL01. SE
MIÉRCOLES 7
Solicitud de informe para ubicación de complejo de entrenamiento táctico especializado para unidad de reconocimiento anfibio y captura de plataformas petrolíferas.
Cliente: Tomcat. Plazo de entrega: seis meses. Idioma: inglés. Responsables: F.J Aguirre y Anibal Álvarez.
MIÉRCOLES 14
Estudio de candidatos a ingresar en el Primer Escalón.
Responsables: Javier Ercilla y J.A Hoyos.
MIÉRCOLES 21
Desarrollo de estrategias no convencionales de combate.
Proyecto para localización de redactores y guionistas junior en idioma francés.
Cliente: Tomcat. Plazo de ejecución: doce meses. Responsables: Aitor García y Pablo Zaballa.
MIÉRCOLES 28
Sistemas avanzados de manipulación y control social.
Lectura de redacciones seleccionadas en idioma español sobre "El Nombre de Calahorra", "Si perdemos Calahorra qué nos queda" y "Una Historia fantástica del valle del Ebro".
Responsables: Esther González y F.J Álvarez.
Están rebajados de asistencia A.J Barrio el miércoles 7, por motivos de trabajo y posiblemente F.J Aguirre el miércoles 28 por viaje.
El presidente de turno.
J.A Ruiz de Azúa y Zárate.
Cifra. EL01. SE
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sábado, 27 de junio de 2009
AMPARO Y PATXI LEKAROZ.
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Amparo, la Manchega, hizo una señal a la Dori para que no cobrara a los dos hombres de la barra. Se acercó a ellos y dio un par de besos al más bajo de los dos, el otro parecía estar al margen del asunto. El hombre bajo y bien trajeado sonreía mientras charlaba con Amparo, sacó una fotografía del bolsillo de la chaqueta y se la dio a la mujer que parecía preocupada, a punto de llorar.
-Fíjate, le dijo el hombre, la bicicleta es casi más grande que él. Aprendió a andar enseguida, se ve que es un chico muy espabilado.
Amparo no pudo evitar un mar de lágrimas. La Dori le dio una bayeta limpia y sin dejar de llorar como una Magdalena se sentó en el reservado acompañada por el hombre.
-Ha venido un cura nuevo al pueblo y dice que tiene que hacer la comunión como los otros chavales.
Amparo tuvo un hijo natural con un señorito falangista que le prometió el oro y el moro. Al final, tuvo que irse del pueblo porque entre el cura y las beatas consiguieron hacerle el aire irrespirable. No supo defenderse, le faltaron recursos y valor, y le sobraba confusión y atolondramiento juvenil. Lo mejor fue poner tierra de por medio, llegó al Gato Negro como la víctima de un naufragio, con una maleta y un papel arrugado donde estaban escritas unas señas. Resulta que la encargada era de un pueblo cercano al suyo y enseguida la puso al día, le enseñó a fumar y a beber mosto Palacios con cierto estilo.
-Mira, rica, tienes dos opciones. Una: ponerte a fregar escaleras y a limpiar palanganas. Dos: ponerte a trabajar conmigo y hacer todo lo que yo te diga. Calculo que con una cara como la tuya puedes sacar en un sábado, sólo en bebidas, más que en un mes jodiéndote las rodillas en la limpieza. Ya irás aprendiendo poco a poco. Esto asusta mucho al principio, pero ya verás que al final no haces más que lo que harías con tu marido, con la diferencia de que aquí pagan, y con el desgraciado de tu marido tienes que aguantar el doble y encima no ves una peseta ¿Me vas captando?
Amparo se despidió de los dos hombres, el bajito del traje le dio otro par de besos y salió del local con el aire de los que están convencidos de haber triunfado en la vida, el más alto la saludó inclinando la cabeza y siguió al del traje. Hasta los niños más pequeños del barrio de San Francisco sabían que eran policías, el más alto acababa de tener un hijo y se había comprado un piso en Santuchu. Nadie podía pensar en aquel momento que quince años después una bomba le partiría por la mitad al arrancar el coche.
Amparo no tuvo ganas de trabajar ese día, era viernes. Estuvo toda la tarde llorando y mirando por la ventana de su habitación de la calle Cortes. En la televisión echaban el entierro de Franco y en la calle el ambiente era de euforia. Si un viernes normal se vendían cien cajas de champán, ese viernes se venderían mil cajas porque existía la convicción general de que venían tiempos mejores y había que hacer como que se estaba muy contento. Esa noche fue de las que se amarraban con gomas los fajos de billetes y se amontonaban como si fueran ladrillos de adobe. Pero Amparo no trabajó ni ese día ni esa noche. Sólo miraba por la ventana y lloraba. Miraba a las cuadrillas de trabajadores de la Naval, de Euskalduna, de Altos Hornos y no podía quitarse de la cabeza la imagen del niño de la bicicleta que iba a hacer la primera comunión y ella no estaría allí para verlo. Decidió que no saldría de la habitación hasta que llegara Patxi, Patxi era de la parte de Alsasua y había confundido el burdel con una pensión y a Amparo con una novia a la que podía llevar ropa para lavar. Patxi tenía un camión que aparcaba en la zona de San Adrián y se iba a casa de Amparo para ducharse y coger ropa limpia. Podía estar jugando hasta las tantas en el Casco Viejo y solía amanecer la mañana del domingo hablando con Amparo, que se hacía la dormida mientras escuchaba.
-El martes pasé cerca de tu pueblo y paré en una fábrica de quesos, tengo tres en el camión, luego te los traigo para que le den ambiente a la casa. Estoy buscando una bodega en aquella zona donde se puedan hacer quesos y guardarlos un año hasta que cojan toda la fuerza. Mi madre nos enseñó a hacer quesos a mi hermana y a mi. Nunca me gustó el ganado, pero hacer quesos era distinto. Cada día podían salir de una manera, si había tormenta seguro que salían mal y se llenaban de ojos.
A Patxi le dejó una novia después de un montón de años de relaciones y eso le afectó mucho. Se sacó el carné de primera y estuvo trabajando en una empresa de transportes hasta que compró el Pegaso y se puso por su cuenta. Ya casi no va por el pueblo porque su hermana se ha casado con un buen chaval y él no tiene por qué ir allí a decirles cómo tienen que hacer las cosas. Sólo piensa en comprar una bodega que tenga todo el año la misma temperatura para fabricar quesos de categoría. Amparo sabe que Patxi quiere enredarla, ha oído la historia de los quesos unas cuantas veces y no le convence.
-Ni loca vuelvo yo a un pueblo de esos. Tú no los conoces, son gente mala. A mi me gusta esta ciudad y de momento no pienso marchar de aquí. Ya compraremos la bodega si las cosas se tuercen, compraremos veinte bodegas si quieres, no valen nada.
Patxi se durmió aquel día pensando que Amparo hablaba con él como si estuvieran casados.
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Amparo, la Manchega, hizo una señal a la Dori para que no cobrara a los dos hombres de la barra. Se acercó a ellos y dio un par de besos al más bajo de los dos, el otro parecía estar al margen del asunto. El hombre bajo y bien trajeado sonreía mientras charlaba con Amparo, sacó una fotografía del bolsillo de la chaqueta y se la dio a la mujer que parecía preocupada, a punto de llorar.
-Fíjate, le dijo el hombre, la bicicleta es casi más grande que él. Aprendió a andar enseguida, se ve que es un chico muy espabilado.
Amparo no pudo evitar un mar de lágrimas. La Dori le dio una bayeta limpia y sin dejar de llorar como una Magdalena se sentó en el reservado acompañada por el hombre.
-Ha venido un cura nuevo al pueblo y dice que tiene que hacer la comunión como los otros chavales.
Amparo tuvo un hijo natural con un señorito falangista que le prometió el oro y el moro. Al final, tuvo que irse del pueblo porque entre el cura y las beatas consiguieron hacerle el aire irrespirable. No supo defenderse, le faltaron recursos y valor, y le sobraba confusión y atolondramiento juvenil. Lo mejor fue poner tierra de por medio, llegó al Gato Negro como la víctima de un naufragio, con una maleta y un papel arrugado donde estaban escritas unas señas. Resulta que la encargada era de un pueblo cercano al suyo y enseguida la puso al día, le enseñó a fumar y a beber mosto Palacios con cierto estilo.
-Mira, rica, tienes dos opciones. Una: ponerte a fregar escaleras y a limpiar palanganas. Dos: ponerte a trabajar conmigo y hacer todo lo que yo te diga. Calculo que con una cara como la tuya puedes sacar en un sábado, sólo en bebidas, más que en un mes jodiéndote las rodillas en la limpieza. Ya irás aprendiendo poco a poco. Esto asusta mucho al principio, pero ya verás que al final no haces más que lo que harías con tu marido, con la diferencia de que aquí pagan, y con el desgraciado de tu marido tienes que aguantar el doble y encima no ves una peseta ¿Me vas captando?
Amparo se despidió de los dos hombres, el bajito del traje le dio otro par de besos y salió del local con el aire de los que están convencidos de haber triunfado en la vida, el más alto la saludó inclinando la cabeza y siguió al del traje. Hasta los niños más pequeños del barrio de San Francisco sabían que eran policías, el más alto acababa de tener un hijo y se había comprado un piso en Santuchu. Nadie podía pensar en aquel momento que quince años después una bomba le partiría por la mitad al arrancar el coche.
Amparo no tuvo ganas de trabajar ese día, era viernes. Estuvo toda la tarde llorando y mirando por la ventana de su habitación de la calle Cortes. En la televisión echaban el entierro de Franco y en la calle el ambiente era de euforia. Si un viernes normal se vendían cien cajas de champán, ese viernes se venderían mil cajas porque existía la convicción general de que venían tiempos mejores y había que hacer como que se estaba muy contento. Esa noche fue de las que se amarraban con gomas los fajos de billetes y se amontonaban como si fueran ladrillos de adobe. Pero Amparo no trabajó ni ese día ni esa noche. Sólo miraba por la ventana y lloraba. Miraba a las cuadrillas de trabajadores de la Naval, de Euskalduna, de Altos Hornos y no podía quitarse de la cabeza la imagen del niño de la bicicleta que iba a hacer la primera comunión y ella no estaría allí para verlo. Decidió que no saldría de la habitación hasta que llegara Patxi, Patxi era de la parte de Alsasua y había confundido el burdel con una pensión y a Amparo con una novia a la que podía llevar ropa para lavar. Patxi tenía un camión que aparcaba en la zona de San Adrián y se iba a casa de Amparo para ducharse y coger ropa limpia. Podía estar jugando hasta las tantas en el Casco Viejo y solía amanecer la mañana del domingo hablando con Amparo, que se hacía la dormida mientras escuchaba.
-El martes pasé cerca de tu pueblo y paré en una fábrica de quesos, tengo tres en el camión, luego te los traigo para que le den ambiente a la casa. Estoy buscando una bodega en aquella zona donde se puedan hacer quesos y guardarlos un año hasta que cojan toda la fuerza. Mi madre nos enseñó a hacer quesos a mi hermana y a mi. Nunca me gustó el ganado, pero hacer quesos era distinto. Cada día podían salir de una manera, si había tormenta seguro que salían mal y se llenaban de ojos.
A Patxi le dejó una novia después de un montón de años de relaciones y eso le afectó mucho. Se sacó el carné de primera y estuvo trabajando en una empresa de transportes hasta que compró el Pegaso y se puso por su cuenta. Ya casi no va por el pueblo porque su hermana se ha casado con un buen chaval y él no tiene por qué ir allí a decirles cómo tienen que hacer las cosas. Sólo piensa en comprar una bodega que tenga todo el año la misma temperatura para fabricar quesos de categoría. Amparo sabe que Patxi quiere enredarla, ha oído la historia de los quesos unas cuantas veces y no le convence.
-Ni loca vuelvo yo a un pueblo de esos. Tú no los conoces, son gente mala. A mi me gusta esta ciudad y de momento no pienso marchar de aquí. Ya compraremos la bodega si las cosas se tuercen, compraremos veinte bodegas si quieres, no valen nada.
Patxi se durmió aquel día pensando que Amparo hablaba con él como si estuvieran casados.
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EL SECRETO MEJOR GUARDADO DE CASILDA.
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Querido profesor:
Le escribo estas líneas forzada por un confuso montón de sentimientos incontenibles. Ya sé que no debería, ni tengo derecho a importunarle de esta manera. Perdóneme, perdóneme por favor por lo que voy a decirle.
Menos mal que ya no es usted mi profesor, ni probablemente vuelva a serlo nunca, porque de lo contrario alguien podía pensar que quiero influir en alguna nota final y no es eso. Es tan sencillo como que estoy enamorada de usted y no vivo, no como y no duermo sin que usted esté a todas horas ocupando mi pensamiento. Tenía que decírselo y no encuentro mejor forma de hacerlo que con esta carta, porque créame, cuando está usted cerca de mi apenas puedo sostenerme de pie y no acierto a expresarme verbalmente. Sin duda usted habrá pensado que soy tonta o tengo algún problema, y es cierto. La primera vez que se dirigió usted a mi para hacerme un comentario sin transcendencia estuve a punto de desmayarme.
Ya sé que este tipo de situaciones se dan, a veces, entre profesores y alumnos, y que obedece a la admiración reverencial que puede inspirar el maestro entre los que saben menos que él, y que rara vez se supera la prueba si se sigue adelante. Yo no quiero nada más que decirle lo que siento, que me abruma usted con su personalidad, sus conocimientos y su forma de expresar las ideas, su aspecto físico y su vida en general, en la que sueño con ser una anécdota. Me siento tan poquita cosa al lado de usted, o al lado de su mujer. La he visto alguna vez cuando viene a recogerle algún día que llueve. Qué guapa es, Dios mio.
Tengo que decírselo. Perdone mi cobardía por no decírselo de otra manera, pero si no se lo digo sé que me va a dar un mal depresivo o cosas peores. Sepa usted que soy virgen y me gustaría entregarme a usted como al primer hombre de mi vida. Los jóvenes de mi edad me parecen insoportables insustanciales a su lado, ya sé que terminaré con alguno de ellos, con el que espero llevar una vida convencional, pero mientras llega ese momento me gustaría ser toda suya, para lo que quiera usted de mi.
Sepa usted que prefiero morir antes de causarle el mínimo inconveniente, pero tengo que expresarle mis sentimientos. Lo que usted haga me parecerá bien, tanto si me dice algo como si me ignora. Yo le esperaré a usted todos los sábados tomando un cortado en una esquina del Café Iruña de las 19 a las 20 horas. A las ocho llegan mis amigas y vamos a cenar y a dar una vuelta por ahí. Cómo me gustaría darles plantón por un día.
Suya, Casilda.
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Querido profesor:
Le escribo estas líneas forzada por un confuso montón de sentimientos incontenibles. Ya sé que no debería, ni tengo derecho a importunarle de esta manera. Perdóneme, perdóneme por favor por lo que voy a decirle.
Menos mal que ya no es usted mi profesor, ni probablemente vuelva a serlo nunca, porque de lo contrario alguien podía pensar que quiero influir en alguna nota final y no es eso. Es tan sencillo como que estoy enamorada de usted y no vivo, no como y no duermo sin que usted esté a todas horas ocupando mi pensamiento. Tenía que decírselo y no encuentro mejor forma de hacerlo que con esta carta, porque créame, cuando está usted cerca de mi apenas puedo sostenerme de pie y no acierto a expresarme verbalmente. Sin duda usted habrá pensado que soy tonta o tengo algún problema, y es cierto. La primera vez que se dirigió usted a mi para hacerme un comentario sin transcendencia estuve a punto de desmayarme.
Ya sé que este tipo de situaciones se dan, a veces, entre profesores y alumnos, y que obedece a la admiración reverencial que puede inspirar el maestro entre los que saben menos que él, y que rara vez se supera la prueba si se sigue adelante. Yo no quiero nada más que decirle lo que siento, que me abruma usted con su personalidad, sus conocimientos y su forma de expresar las ideas, su aspecto físico y su vida en general, en la que sueño con ser una anécdota. Me siento tan poquita cosa al lado de usted, o al lado de su mujer. La he visto alguna vez cuando viene a recogerle algún día que llueve. Qué guapa es, Dios mio.
Tengo que decírselo. Perdone mi cobardía por no decírselo de otra manera, pero si no se lo digo sé que me va a dar un mal depresivo o cosas peores. Sepa usted que soy virgen y me gustaría entregarme a usted como al primer hombre de mi vida. Los jóvenes de mi edad me parecen insoportables insustanciales a su lado, ya sé que terminaré con alguno de ellos, con el que espero llevar una vida convencional, pero mientras llega ese momento me gustaría ser toda suya, para lo que quiera usted de mi.
Sepa usted que prefiero morir antes de causarle el mínimo inconveniente, pero tengo que expresarle mis sentimientos. Lo que usted haga me parecerá bien, tanto si me dice algo como si me ignora. Yo le esperaré a usted todos los sábados tomando un cortado en una esquina del Café Iruña de las 19 a las 20 horas. A las ocho llegan mis amigas y vamos a cenar y a dar una vuelta por ahí. Cómo me gustaría darles plantón por un día.
Suya, Casilda.
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domingo, 21 de junio de 2009
UN DIABLO ITINERANTE ESCRIBE UNAS LINEAS A UNA CONOCIDA SUYA QUE TIENE ARDIENDO EN EL INFIERNO.
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El otro día volví a pasar por allí y me acordé de ti, Cándida, que mala y qué puta eras. Ya no sé donde estaba la huerta, si donde la gasolinera o en la rotonda que han hecho a la entrada de la Feria de Muestras. Cómo ha cambiado el mundo, Cándida, le han dado la vuelta del revés. Qué tiempos vivimos. Yo estaba todo el día borracho y me acuerdo, así que tú tienes que acordarte mejor que yo. Recuerdo como si fuera hoy el último día que nos vimos, me despertaron los gritos en el sótano del Carlton.
Lo primero es lo primero, pensé, hay que lavarse bien, peinarse y quitar esta barba de tres días. En la calle se estaba armando una buena: todos a formar, vista al frente ¿Quien metía aquellas voces desesperadas? Me quedé en perfecto estado de revista, eso siempre gusta a los superiores, el sol casi me mata. Menudo jaleo. Apártate, me dicen, y pasa uno que reparte sacos y me da uno a mi, el idiota. "Metan todos los papeles en estas cajas y cuando llenen las cajas sigan con los petates". Vale, vale, pero no empujen. Gárate! se llamaba Gárate el de las voces en la Plaza Moyua.
Apareció a caballo, venía el primero con toda la recua de navarros detrás. Se bajó en la puerta del Hotel y a Gárate le faltó tiempo para cuadrarse delante de García Valiño: "A la orden de usía mi coronel, estamos a sus órdenes mi coronel, ordena alguna cosa mi coronel..." No es agradable levantarse con una resaca como aquella, tener el estómago vacío, oír aquellos gritos y estar rodeado de chusma. Solo faltaban los moros para estar todos revueltos una vez más, como en Tudela hacía más de mil años cuando en Tudela había dos mezquitas una sinagoga y ninguna iglesia. Yo me voy de aquí, pensé, allí no había nadie del que me apeteciese recibir órdenes. Miré el depósito de la moto, tenía gasolina, salí como un gamo y no paré hasta Zorroza. Como tú no estabas en la taberna bajé hasta la huerta de Ugarte ¿De verdad que tu marido nunca te preguntaba? Tu vida terminó de torcerse cuando te casaste con un borracho que no iba a Misa. Mira que era idiota aquel Garay ¿Cómo pudiste? Cándida, en fin.
Ahora te lo puedo decir porque ya todo da igual: aquella huerta era una de las entradas del infierno. Si, detrás de la puerta de cañas, entre los surcos de habas y aquellas berzas torcidas, donde los bancos corridos y la sombra de las parras, en el corral de las gallinas donde guardábamos los garrafones vacíos, todo aquello no era más que puro camuflaje. Justo debajo estaba el abismo. Qué tardes pasamos allí los cinco contigo, que parecías la jefa de la banda cuando nos quitabas el dinero, o los cubiertos de plata o lo que hubiéramos robado en aquellos tiempos revueltos. A nosotros no nos importaba, total, volveríamos a robar más. Lo que nosotros queríamos era beber y comer, y seguir bebiendo, y jugar cuatro a las cartas mientras uno estaba contigo. Tú nos dabas todo aquello, por eso te queríamos tanto y te perdonábamos que fueras tan ladrona.
El último día fue terrible para aquellos infelices. Estaban aterrorizados porque les había convencido de que iban a morir y sólo querían saber cómo. Alguno seguía teniendo dudas y preguntaba por qué tenían que ser las cosas de aquella manera.
-Pues muy fácil, idiota, tienes que morir porque le pegaste un tiro a aquel que era pariente lejano tuyo ¿Balparda se llamaba? Puede ser Balparda, sí. Fue una cosa muy fea en el Cabo Quilates, estábamos todos hasta aquí de orujo. Luego has matado a más gente pero aquello de Balparda estuvo muy mal porque aquel hombre tenía las manos atadas y no te había hecho nada, pero nada de nada, lo mataste sólo porque eres un hijo puta que no debería haber nacido, y eso lo saben en Erandio hasta los niños de cinco años. Porque mira que eres burro y anormal: hacer aquello delante de tantos testigos, que hasta el carcelero gallego te conocía. Te conoce tanta gente que dentro de poco te conocerán los moros y con esos no valen bromas. Primero te cortarán las pelotas, luego te sacarán los ojos y se mearán en los agujeros ¿Quieres que siga? ¿Quieres que siga explicándote porqué debes morir? Si te matas tú mismo será el mejor favor que te hayas hecho nunca.
Habíamos oído unos días antes que lo habían hecho en el Alto de Campázar y en Galdácano. La idea era muy buena, por eso te pedimos que te marcharas de allí y te fueras a casa con el cerdo de Garay. Y tú nos hiciste caso ¿A que no te lo esperabas? Estoy seguro de que fue una sorpresa porque tú creías que los iba a matar a uno detrás de otro y luego me pegaría un tiro. Pero lo de Galdácano era mucho mejor porque era una forma original de morir, yo por lo menos no la conocía. Nos pusimos a bailar los cinco con un brazo en el cuello de un compañero y el otro sujetando una bomba de mano. La duda entonces era cómo hacer explotar las cinco bombas a la vez, no hizo falta pensar mucho. Lo último que vi fue cómo alguien vomitaba. No recuerdo el nombre de aquel chico.
Menudo susto cuando te llevaron los falangistas a ver si podías identificar algo. Casi te desmayas por aquel olor a dinamita, a carne quemada, a mierda, a vino. Lo que más te llamó la atención fueron las tripas que colgaban en las ramas del manzano y aquellas gallinas que escarbaban y vete tú a saber que andarían picoteando.
El otro día volví a pasar por allí y me acordé de ti, Cándida, que mala y qué puta eras. Ya no sé donde estaba la huerta, si donde la gasolinera o en la rotonda que han hecho a la entrada de la Feria de Muestras. Cómo ha cambiado el mundo, Cándida, le han dado la vuelta del revés. Qué tiempos vivimos. Yo estaba todo el día borracho y me acuerdo, así que tú tienes que acordarte mejor que yo. Recuerdo como si fuera hoy el último día que nos vimos, me despertaron los gritos en el sótano del Carlton.
Lo primero es lo primero, pensé, hay que lavarse bien, peinarse y quitar esta barba de tres días. En la calle se estaba armando una buena: todos a formar, vista al frente ¿Quien metía aquellas voces desesperadas? Me quedé en perfecto estado de revista, eso siempre gusta a los superiores, el sol casi me mata. Menudo jaleo. Apártate, me dicen, y pasa uno que reparte sacos y me da uno a mi, el idiota. "Metan todos los papeles en estas cajas y cuando llenen las cajas sigan con los petates". Vale, vale, pero no empujen. Gárate! se llamaba Gárate el de las voces en la Plaza Moyua.
Apareció a caballo, venía el primero con toda la recua de navarros detrás. Se bajó en la puerta del Hotel y a Gárate le faltó tiempo para cuadrarse delante de García Valiño: "A la orden de usía mi coronel, estamos a sus órdenes mi coronel, ordena alguna cosa mi coronel..." No es agradable levantarse con una resaca como aquella, tener el estómago vacío, oír aquellos gritos y estar rodeado de chusma. Solo faltaban los moros para estar todos revueltos una vez más, como en Tudela hacía más de mil años cuando en Tudela había dos mezquitas una sinagoga y ninguna iglesia. Yo me voy de aquí, pensé, allí no había nadie del que me apeteciese recibir órdenes. Miré el depósito de la moto, tenía gasolina, salí como un gamo y no paré hasta Zorroza. Como tú no estabas en la taberna bajé hasta la huerta de Ugarte ¿De verdad que tu marido nunca te preguntaba? Tu vida terminó de torcerse cuando te casaste con un borracho que no iba a Misa. Mira que era idiota aquel Garay ¿Cómo pudiste? Cándida, en fin.
Ahora te lo puedo decir porque ya todo da igual: aquella huerta era una de las entradas del infierno. Si, detrás de la puerta de cañas, entre los surcos de habas y aquellas berzas torcidas, donde los bancos corridos y la sombra de las parras, en el corral de las gallinas donde guardábamos los garrafones vacíos, todo aquello no era más que puro camuflaje. Justo debajo estaba el abismo. Qué tardes pasamos allí los cinco contigo, que parecías la jefa de la banda cuando nos quitabas el dinero, o los cubiertos de plata o lo que hubiéramos robado en aquellos tiempos revueltos. A nosotros no nos importaba, total, volveríamos a robar más. Lo que nosotros queríamos era beber y comer, y seguir bebiendo, y jugar cuatro a las cartas mientras uno estaba contigo. Tú nos dabas todo aquello, por eso te queríamos tanto y te perdonábamos que fueras tan ladrona.
El último día fue terrible para aquellos infelices. Estaban aterrorizados porque les había convencido de que iban a morir y sólo querían saber cómo. Alguno seguía teniendo dudas y preguntaba por qué tenían que ser las cosas de aquella manera.
-Pues muy fácil, idiota, tienes que morir porque le pegaste un tiro a aquel que era pariente lejano tuyo ¿Balparda se llamaba? Puede ser Balparda, sí. Fue una cosa muy fea en el Cabo Quilates, estábamos todos hasta aquí de orujo. Luego has matado a más gente pero aquello de Balparda estuvo muy mal porque aquel hombre tenía las manos atadas y no te había hecho nada, pero nada de nada, lo mataste sólo porque eres un hijo puta que no debería haber nacido, y eso lo saben en Erandio hasta los niños de cinco años. Porque mira que eres burro y anormal: hacer aquello delante de tantos testigos, que hasta el carcelero gallego te conocía. Te conoce tanta gente que dentro de poco te conocerán los moros y con esos no valen bromas. Primero te cortarán las pelotas, luego te sacarán los ojos y se mearán en los agujeros ¿Quieres que siga? ¿Quieres que siga explicándote porqué debes morir? Si te matas tú mismo será el mejor favor que te hayas hecho nunca.
Habíamos oído unos días antes que lo habían hecho en el Alto de Campázar y en Galdácano. La idea era muy buena, por eso te pedimos que te marcharas de allí y te fueras a casa con el cerdo de Garay. Y tú nos hiciste caso ¿A que no te lo esperabas? Estoy seguro de que fue una sorpresa porque tú creías que los iba a matar a uno detrás de otro y luego me pegaría un tiro. Pero lo de Galdácano era mucho mejor porque era una forma original de morir, yo por lo menos no la conocía. Nos pusimos a bailar los cinco con un brazo en el cuello de un compañero y el otro sujetando una bomba de mano. La duda entonces era cómo hacer explotar las cinco bombas a la vez, no hizo falta pensar mucho. Lo último que vi fue cómo alguien vomitaba. No recuerdo el nombre de aquel chico.
Menudo susto cuando te llevaron los falangistas a ver si podías identificar algo. Casi te desmayas por aquel olor a dinamita, a carne quemada, a mierda, a vino. Lo que más te llamó la atención fueron las tripas que colgaban en las ramas del manzano y aquellas gallinas que escarbaban y vete tú a saber que andarían picoteando.
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